¿QUIÉN
INFLUYE MÁS EN EL PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO DEL NIÑO, EL
PADRE O LA MADRE?
Cuando Martin Seligman y sus discípulos investigaron los estilos
de pensamiento en un grupo de niños de diez años y en
sus padres, descubrieron que el estilo de pensamiento,
tanto de los varones como de las niñas se parecía más
al de sus madres que al de sus padres.
Ann
Livinger, Carolyin Holstein y Seymour Epstein, encontraron que esto se
confirmó en un estudio realizado en padres y sus niños
pequeños.
(S.
Epstein, A. Levinger y C. Holstein, ‘A Study
on Relations Between Children’s and Parent’s
Constructive Thinking’).
Sin
embargo, al principio de la adolescencia (entre los once y
los catorce años), las niñas modificaron su
identificación y comenzaron a parecerse más a sus padres
que a sus madres. Los varones fueron más lentos en
realizar este cambio, pero, a la larga, también
terminaron pareciéndose más a sus padres.
De
ahí que, cuando Malhee Lee y Seymour Epstein (en
un estudio anterior) administramos el Inventario de
Pensamiento Constructivo a estudiantes terciarios
y a sus padres, comprobamos que el pensamiento
constructivo de los estudiantes de ambos sexos se parecía
más al de sus padres que al de sus madres.
Es
bastante lógico que los niños más pequeños sean
influenciados más por sus madres que por sus padres,
ya que, por lo general, pasan mucho más tiempo con ellas
y dependen más de ellas para la satisfacción de sus
necesidades cotidianas. Pero, ¿por qué se vuelven hacia
el extremo opuesto cuando se acercan a la adultez,
conformando su pensamiento constructivo de acuerdo con el
modelo de sus padres? No lo hacen porque el estilo de
pensamiento de sus padres sea más constructivo que el de
sus madres, porque el puntaje de Inventario de
Pensamiento Constructivo resultó casi idéntico
para ambos padres.
Pareciera
que el hijo varón, en su adolescencia, se orienta, de
pronto, hacia su padre, tomándolo como modelo para su
forma de pensamiento, porque aprende a identificarse con
el modelo de rol masculino de éste. La hija, en
cambio, adopta el estilo de pensamiento del padre a una
edad más temprana, en la errónea creencia (no
compartida por el varón) de que el padre piensa más
constructivamente que la madre. Las hijas abarcadas
por nuestro estudio eran estudiantes universitarias, y
casi todas ellas tenían como objetivo hacer carrera en su
vida. Al identificarse con sus padres para encarar una
carrera, es posible que hayan considerado que el mundo
profesional y de los negocios es, predominantemente, un
mundo de hombres, en el cual una forma de pensar
‘masculina’ conduce al éxito.
En
su necesidad de romper con el rol tradicional de la mujer, quizá sobreestimaron el pensamiento constructivo de
sus padres, al compararlo con el de sus madres. |