NUESTRAS
PREFERENCIAS PSICOLÓGICAS Y SU RELACIÓN
CON LAS EMOCIONES Y
EL INCONSCIENTE
Hacia
1980, el psicólogo social Robert Zajonc, partiendo de
experimentos lógicos y brillantes, razonó de forma muy
convincente que es posible crear preferencias, que son
simples reacciones emocionales, sin ningún registro
consciente del estímulo. Afirmó que ello demostraba que las
emociones tienen ventaja ante la cognición, ya que pueden
existir antes que ésta, y que además son
independientes de la cognición, pues pueden existir
sin ella.
Zajonc resumió varios experimentos que él y su equipo habían
realizado utilizando un fenómeno psicológico llamado
‘efecto de la mera exposición’, descubierto por él
anteriormente. Si los sujetos son expuestos a imágenes
visuales nuevas, como ideogramas chinos, y después se les
pide que escojan entre las imágenes previamente mostradas y
las nuevas, por lo general tienden a preferir las primeras.
La mera exposición a los estímulos es suficiente para
crear preferencias.
La
diferencia que tenía el nuevo experimento era que la exposición
de los sujetos a los estímulos subliminales era tan fugaz
que, en pruebas posteriores, los sujetos no eran capaces de
afirmar exactamente si habían visto o no el estímulo antes.
Aun así, el efecto de la mera exposición estaba ahí.
Los sujetos juzgaban preferibles las imágenes ya mostradas
a las nuevas, que no habían visto anteriormente, a pesar
de que no mostraran gran capacidad para identificar las imágenes
que habían visto y diferenciarlas conscientemente de las que
no habían visto.
Como
Zajonc manifestó, estos resultados están reñidos con el
sentido común y con la
creencia generalizada en psicología de que debemos conocer qué
es algo antes de poder determinar si nos gusta o no. Si en
algunas situaciones las emociones pueden estar presentes sin
el reconocimiento del estímulo, el
reconocimiento no es entonces condición previa a las
emociones.
EL
PROCESAMIENTO INCONSCIENTE DE NUESTRAS PREFERENCIAS Y NUESTAS
EMOCIONES
Una
de las principales áreas de investigación sobre el
procesamiento inconsciente fue la defensa antes de lo
percibido: la demostración de que las palabras
prohibidas tienen un umbral de reconocimiento del estímulo más
elevado que las palabras análogas que carecen de connotaciones
sexuales, escatológicas o tabú.
En
un experimento convencional, se mostraron palabras a los
sujetos en una pantalla. Haciendo variar la duración de la
exposición de las palabras, fue posible determinar cuánto
tiempo precisaba el sujeto en cada caso para reconocer la
palabra dada. Se descubrió que la cantidad de tiempo
necesario para reconocer palabras tabú, como
‘puta’, ‘joder’ o ‘cáncer’, era mayor que para
reconocer las palabras que carecían de estas connotaciones.
Los resultados se interpretaron en función de los
mecanismos de defensa freudianos, especialmente de represión:
las palabras tabú eran percibidas subconscientemente y
censuradas, es decir, se evitaba que entraran en la
consciencia porque su aparición habría provocado ansiedad.
Otra
investigación similar fue la de la percepción subliminal.
Uno de los experimentos clásicos fue realizado por Richard
Lazarus, antes de formular su teoría de la evaluación.
En este experimento, se hacían destellar imágenes de letras
en pantalla con una duración de exposición demasiado
corta para permitir la identificación verbal. Algunas imágenes se habían asociado previamente a una descarga eléctrica,
con el fin de transformar las letras carentes de
significado en estímulos condicionados emocionalmente,
capaces de provocar respuestas del SNA (Sistema Nervioso Autónomo).
El
SNA respondía cuando los estímulos condicionados
emocionalmente se mostraban subconscientemente, pero no
respondía ante los estímulos emocionalmente neutrales; ello
indicaba que se había registrado el significado emocional de los estímulos condicionados, a pesar de que los sujetos no
se habían percatado de la presencia de los estímulos.
Conviene añadir que las respuestas del SNA han sido las
preferidas para este tipo de investigación porque no
dependen de los procesos verbales y, por tanto, pueden
utilizarse para localizar las emociones producidas sin
tener en cuenta la capacidad de describir verbalmente el estímulo.
A
pesar del gran interés inicial en las consecuencias teóricas
de la defensa perceptiva y de los experimentos sobre percepción subliminal, la
interpretación de los resultados como la percepción
inconsciente del significado emocional fue puesta en duda
por Charles Eriksen ya a principios de los sesenta. Eriksen creía que la percepción inconsciente era un imposibilidad
lógica y rechazó esta interpretación de los hallazgos.
Afirmó que, en los experimentos de defensa perceptiva, la
imposibilidad de los sujetos de identificar verbalmente los
estímulos tabú no se debía a que el estímulo no entrara
en la consciencia, sino a la resistencia manifestada por los
sujetos a pronunciar palabras violentas en público. Por
otro lado, en los experimentos de percepción subliminal, la
incapacidad de los sujetos de identificar verbalmente los estímulos
enmascarados no se debía a la incapacidad de percibir
conscientemente los estímulos, sino a fallos en los procesos
verbales, llegado el momento de definir con precisión las
experiencias perceptivas.
No
obstante, gracias a la creación de técnicas nuevas y
mejoradas para estudiar el procesamiento inconsciente,
las pruebas de su existencia actualmente parecen estar claras.
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