DETERMINANTES
SITUACIONALES
DE
LAS EMOCIONES
Se
han hecho varios experimentos relacionados con la excitación fisiológica
y la calificación de una emoción, utilizando, por ejemplo, una inyección
de adrenalina, que no produce en la gente una auténtica
emoción. Recibida una inyección de ese género, habla la gente
de un ‘como si’, es decir, dicen que se sienten
como si tuvieran miedo o como si estuviera a punto de acaecerles
algo sumamente agradable.
Stanley
Schachter (Schachter and Singer, 1962; Schachter, 1964) ha
llevado a cabo una serie de experiencias usando inyecciones de ese
tipo, pero al mismo tiempo ha ideado la situación de manera que
pudiera el individuo interpretar su estado de excitación como una
auténtica emoción. Bajo estas condiciones, creen los
sujetos experimentar emociones y obrar emocionalmente.
Por
ello sugiere Schachter que, para que tenga lugar una emoción, es preciso que se dé un estado de excitación y una manera de
interpretar dicho estado en términos emocionales. La
interpretación viene de la situación. Formulación ésta
que no requiere, por supuesto, distintas pautas de excitación para
emociones cualitativamente diversas: un único estado de excitación,
o un estado sumamente similar podrá ser interpretado como una u
otra emoción, según la situación en la que uno se encuentre.
En
uno de los experimentos realizados por Schachter y Singer se
les decía a los individuos que era preciso someter a prueba su
vista a fin de determinar los efectos de un suplemento de vitamina
llamado Suproxina. A dichos individuos se les inyectaba
con su consentimiento Suproxina y se les pedía que
esperaran junto a otro individuo un lapso de unos 20 minutos para
que entrara la droga en la corriente sanguínea. Y que se les mediría
la vista una vez transcurrido ese tiempo.
De
hecho, a algunos de los sujetos se les inyectaba adrenalina, al paso
que otros recibían una innocua inyección de solución de sal (Placebo).
Por otra parte, los sujetos que recibían adrenalina quedaban
divididos en los siguientes tres sub-grupos.
A
los de uno de ellos se les decía qué síntomas iban a
experimentar como efectos secundarios de la Suproxina,
efectos éstos que eran los que de hecho produce normalmente la
adrenalina. Este grupo es el grupo informado.
A
los de un segundo grupo no se les decía nada sobre los
efectos de la inyección: este grupo es el grupo ignorante.
Finalmente
el tercer subgrupo quedaba informado de manera falsa respecto
de los efectos de la inyección, el grupo mal informado. Se
les decía que podían sentir un dolor de cabeza no muy agudo, o
sentir sus pies como entorpecidos, y que experimentarían un
hormigueo. Ninguno de estos efectos es normalmente producido por
la adrenalina, cuyos efectos son más bien el temblor, las
pulsaciones violentas del corazón y el calor en el rostro.
Por
supuesto que el grupo informado contaba con una explicación
adecuada de los síntomas que iba a experimentar, al paso que el
grupo ignorante no tenía explicación alguna, y el mal
informado había de experimentar de hecho síntomas totalmente
diferentes de los que se les había anunciado. A los dos últimos
grupos se les presentaba, por consiguiente, un problema de
interpretación de sus reacciones.
Schachter ideó
condiciones sociales que permitieran a los componentes de estos dos
grupos el que dieran una interpretación emocional de aquéllas.
A
una serie de grupos se les pidió que esperaran bajo condiciones
diseñadas para evocar euforia o un sentimiento de bienestar.
La persona tenía que esperar 20 minutos, con un individuo
determinado que era de hecho un cómplice del experimentador.
En la condición de euforia, el cómplice decía que se sentía
bien y realizaba diversos actos que daban testimonio de su
bienestar, tales como lanzar tacos de papel a una cesta o echar a
volar aviones de papel que él mismo había construido.
En
otra serie de grupos, en cambio, el cómplice actuaba como si
estuviera enojado, enojo que, al parecer, se hallaba provocado
por la petición que se le había hecho de que él y junto con él
el otro individuo rellenasen un cuestionario totalmente personal (en
esta condición de cólera no se daba grupo alguno de los mal
informados). Una vez transcurridos los 20 minutos, se le pedía
al sujeto, bajo un pretexto cualquiera, que rellenase unas escalas
de evaluación, incluidas algunas relativas a su estado de humor.
Además, el sujeto había sido observado a través de una mirilla
invisible durante el período de espera, a fin de fijar en qué
medida se había unido al cómplice en la expresión, bien sea de
euforia, bien de enojo.
En
general los resultados confirmaron las expectativas. El grupo
informado mostró pocos cambios hacia el talante del cómplice y ninguna tendencia a obrar como él, al paso que los grupos
ignorantes y falsamente informado obraban de manera opuesta a la
del primer grupo.
Aun
cuando los resultados obtenidos con el grupo al que se inyectó
el placebo no diferían de los grupos ignorantes y mal
informados tanto como se había previsto, otros análisis de los
datos, que incluían la eliminación de individuos de los dos últimos
grupos que habían atribuido sus reacciones a la inyección, indicaban
una más intensa reacción en los grupos de ignorantes y falsamente
informados que en el grupo de los que habían recibido la solución
de sal (placebo).
En
otro experimento realizado con Suproxina, se pidió a
los sujetos que presenciasen un pasaje de una comedia burlesca, y se
observó y evaluó sus reacciones ante las situaciones de humor.
En esta ocasión se establecieron tres grupos: uno que recibía
el placebo, otro que recibía adrenalina, y finalmente
un tercer grupo que recibía clorpromazina, una droga que hace
disminuir la actividad del sistema nervioso simpático. Una vez
más los resultados confirmaron las esperanzas. Es decir, se daba
una mayor reacción al humor en los que habían recibido adrenalina
que en los del placebo, así como éstos, a su vez, reaccionaban de
una manera más viva que los que habían recibido la droga. De aquí
que pudiera concluirse que una situación externa idéntica
provocaba reacciones diversas en personas cuyo estado de excitación
fisiológica variaba.
Los
experimentos de Schachter indican el papel importante y crucial que
en la determinación de la emoción subjetiva tienen nuestras
interpretaciones de por qué nos sentimos excitados. Así, podemos
decir que la emoción es un producto conjunto de una excitación
fisiológica y de una evaluación cognoscitiva de la situación en
que tiene lugar la excitación.
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