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AUTODETERMINACIÓN
EN
LUGAR DE INDEFENSIÓN
La
palabra paciente deriva
del latín PATIENT que significa, traducida, ‘el
que soporta, el que padece’. Precisamente este papel pasivo no
es el que el paciente debería adoptar desde el punto de vista de
la medicina que se orienta de forma global. Más bien se apela a la
propia responsabilidad: el
paciente como cómplice del médico en la lucha contra la enfermedad.
A
menudo, el éxito del tratamiento depende del grado de implicación
activa del propio paciente. Ya la mera ingestión regular de los
medicamentos requiere la cooperación del mismo. El médico sólo
puede escribir la receta y establecer la dosificación. El paciente
tiene en sus manos el hacer uso o no de esa receta y después tomar
los medicamentos en la dosis y durante todo el tiempo prescriptos para
el tratamiento. A menudo, las intervenciones quirúrgicas y los
medicamentos no bastan para
recuperar la salud de forma duradera. Muchas veces será necesario
que el paciente cambie sus hábitos: deje de fumar, renuncie a las dos o tres copas de vino tinto por la
noche, haga más ejercicio.
La
enfermedad y el tratamiento médico suponen, en cualquier caso, una carga
emocional. Se puede demostrar que el estrés se vive de forma
mucho más intensa cuanto
menores son las posibilidades de influir sobre los factores
desencadenantes de ese estrés. En un experimento realizado con
animales, éstos fueron sometidos a un ligero electroshock, que no
producía ningún dolor pero sí cierta irritación. Algunos de los
animales tenían la posibilidad de desconectar el estímulo eléctrico,
los otros no. Independientemente de si utilizaban esta posibilidad o
no, los animales que podían ‘optar por la autodeterminación’ se
encontraban mejor que el grupo de comparación.
Las
cargas son, por lo tanto, mucho más fáciles de llevar si
se viven como algo controlable. Esto, trasladado a los pacientes,
significa que aquel que se limita a ‘soportar’ de forma pasiva
tiene un estrés mayor que el paciente que participa de forma activa y autodeterminada en el proceso de curación.
Experiencias con enfermos de cáncer en estadio terminal han
demostrado que los que se
administran ellos mismos las inyecciones de morfina necesitan menos
morfina que aquellos a quienes se la administra el médico o la
enfermera. Al parecer, la posibilidad de poder controlar en cada
momento el dolor por decisión propia actúa de forma beneficiosa
sobre la sensibilidad frente al dolor.
No
todos los pacientes pueden y quieren en igual medida asumir la propia
responsabilidad. Forma parte
de las tareas del médico hacerse una idea de lo que puede esperar o
no del paciente. Esto se consigue tanto mejor cuanto mayor es la
atención que el médico presta a su paciente como persona, lo escucha
e intenta hacerse una idea de su psique. Frente a un paciente que en
todos los demás ámbitos de la vida está acostumbrado a tomar
decisiones y asumir responsabilidades, el
médico deberá adoptar más bien el papel de un asesor especializado
y competente. Si consigue convencer al paciente con sus
proposiciones, el paciente crítico colaborará en forma fiable.
Para
otros pacientes, sin embargo, la idea de asumir la responsabilidad en
temas de salud es, por lo menos, inusual. Se
sienten mejor cuando pueden confiar en la autoridad del médico. En
determinados casos, las diferentes propuestas y alternativas les dan
sensación de inseguridad, y piensa: ‘¿Acaso
el médico no sabe con exactitud lo que tiene que hacer?’ A la
preocupación original debida a los problemas de salud se añade
entonces el miedo de tener que
enfrentarse solo a esos problemas. Se requiere una buena
capacidad de percepción por lo que respecta a las condiciones psíquicas
del paciente, por parte del médico, para saber encontrar la
‘dosis’ correcta de responsabilidad que puede asumir el paciente.
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Director del Portal:
Abel Cortese |
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