CÓMO VENCER LA TIMIDEZ
MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de Miel Girado

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¿QUÉ
SIGNIFICA TENER ÉXITO EN SOCIEDAD?
El
éxito tiene que ver con el resultado de nuestros esfuerzos. Ahora bien,
muchas personas con escasa autovaloración, cuando obtienen un éxito, no experimentan el impacto psíquico del éxito, y aquí reside la causa fundamental de la
insatisfacción crónica que padecen los tímidos, de su temor al fracaso y
de su «yo» vulnerable. Esto es lo que nosotros denominamos prejuicios.
Ya
hemos dicho que la timidez va unida al temor al fracaso y a la valoración
negativa por parte de los demás. El fracaso puede ser definido como la
incapacidad de una persona para controlar sus relaciones sociales; éstas
son otros tantos fracasos, porque esta persona se siente demasiado nerviosa
y atemorizada, o porque sufre (o cree sufrir) una valoración negativa por
parte de los demás. Cuando las relaciones interpersonales y cada uno de los
elementos que las componen son vistos por la persona tímida como sucesivos
momentos de un juicio, aparece el temor a ser condenado. La máxima «Lo
mejor para triunfar es el éxito» sólo es cierta para aquellos que no
temen el fracaso. Ni siquiera una larga serie de éxitos puede cambiar la
actitud mental y la es casa autoestimación de la persona que teme el
fracaso. Es como si hubiese algo en su mente que le impidiese desarrollar la
actitud tranquila y confiada de la persona socialmente emprendedora y
activa.
Analicemos
este punto más detalladamente. La propia estimación, la autovaloración
positiva, puede aumentar o disminuir, después de un éxito o un fracaso,
según la causa a la que el sujeto atribuya dicho éxito o fracaso. La
persona no se pregunta solamente: «¿He triunfado o he fracasado en esta
tarea social?» Se pregunta también: «¿Cuál ha sido la causa de mi éxito?»
«¿Dónde está la razón de mi fracaso?» La respuesta que dé a estas
preguntas decidirá si experimenta o no un aumento en su autoestimación, en
su sensación de dominio sobre la realidad. Las personas tímidas suelen
atribuirse a sí mismas su falta de éxito, con lo cual disminuye su
autovaloración. Además, cuando salen con bien de alguna empresa, atribuyen
su éxito a alguna circunstancia ajena a ellas mismas. Observe la siguiente
tabla de fuerzas.
FUERZAS
CONSTANTES
VARIABLES
de
control interno
CAPACIDAD ESFUERZO
de
control externo
DIFICULTAD DE LA TAREA SUERTE
Como
puede ver, el éxito y el fracaso pueden ser atribuidos a una combinación
de factores internos o externos, y estos factores pueden ser variables o
constantes. La capacidad es un aspecto constante e interior de la persona.
La dificultad de una determinada tarea social o la complejidad de los
problemas interpersonales son un factor externo y constante. Ahora bien, si
un individuo fracasa en una relación social extremadamente difícil, debe
atribuir el fracaso a la dificultad de la tarea y no a una falta de
capacidad por su parte. Si lo hace así, su autovaloración se verá poco
afectada, pues será consciente de que el fracaso fue causado por alguna
circunstancia exterior a él, de la que no puede hacerse responsable. Los
otros dos recuadros hacen referencia a la magnitud del esfuerzo que el
individuo está dispuesto a hacer para lograr el éxito en una relación
social. Aunque el esfuerzo es un elemento interno del individuo, algo que el
individuo puede controlar, también es un factor variable que puede cambiar
de un momento a otro, de un día a otro, de una ocasión a otra. El último
recuadro se refiere a la suerte, la casualidad o a otros factores no
explicados que apenas podemos controlar ni comprender. Todos ellos son
factores variables.
Si
usted es tímido y tiene temor al fracaso, es pro bable que además tienda a
fijarse objetivos sociales muy limitados y a aspirar a muy pocas cosas, o
bien que se fije objetivos sociales utópicos y aspire a unos logros que,
por el momento, son incompatibles con su capacidad y habilidad sociales.
Sabemos, por otra parte, que los objetivos sociales que se propone una
persona guardan estrecha relación con su adaptación personal y social. Por
ejemplo, los niños que obtienen las mejores calificaciones en la escuela
son los que se fijan objetivos realistas; en cambio, los niños que más
dificultades tienen en sus estudios primarios son los que suelen fijarse
objetivos no realistas. El individuo bien adaptado suele tener aspiraciones
y objetivos acordes con su capacidad. Los individuos menos adaptados y los
que sien ten temor al fracaso suelen tener aspiraciones incoherentes con su
capacidad, ya sea porque se fijan metas demasiado modestas o bien demasiado
ambiciosas.
Ahora
le ruego que me siga con mucha atención. Si, como la mayoría de las
personas tímidas, es usted in coherente a la hora de fijarse metas sociales
proporcionadas, ello le dificultará la experiencia del éxito. Si
usted elige objetivos sociales modestos, los conseguirá fácilmente.
Entonces, el éxito se deberá a la facilidad de la tarea (un factor
externo) y, naturalmente, usted no se sentirá con derecho a atribuirse
mucho mérito. Por otra parte, si usted elige un objetivo social demasiado
difícil para su capacidad, sus probabilidades de éxito son pocas y, si
alcanza su objetivo, el éxito deberá ser atribuido a la buena suerte (otro factor externo). De este modo, cuando corre riesgos demasiado pequeños
o demasiado grandes, se coloca en situaciones que le hacen casi imposible
atribuirse el mérito de sus triunfos, de sus éxitos.
Si
actúa usted así alguna vez, debo decirle que el problema de la mala
predisposición mental no acaba aquí. Seguramente tiende usted a echarse
las culpas a sí mismo cuando sus relaciones sociales no van como debieran.
Ésta es otra mala predisposición; es algo que no se observa en las
personas no tímidas, que tienen una elevada autovaloración. Estas
personas, satisfechas de sí mismas y con una mayor experiencia de la
realidad social, atribuyen sus fracasos a factores externos, como la
dificultad de la relación o, simplemente, la mala suerte. Y si no perciben
inmediatamente un factor ex terno, saben atribuir su fracaso a la falta de
esfuerzo. Ahora bien, aunque la falta de esfuerzo es un factor interno,
también es un factor variable; así, la persona no tímida preserva su
autoestimación evitando el factor «interno y constante» de la tabla.
Sigue su camino tranquilamente, diciéndose: «Esta falta de esfuerzo que me
ha llevado al fracaso en una relación social es algo que puedo compensar la
próxima vez, esforzándome más»
El
punto central de todo esto es el siguiente: las personas no tímidas, con un
buen índice de autovaloración social, obtienen más éxitos y se
benefician más de ellos porque se atribuyen a sí mismas el mérito; al
mismo tiempo, saben atribuir sus derrotas a circunstancias externas a ellas
mismas. Los tímidos, en cambio, asumen la responsabilidad personal de todos
sus fracasos, y nunca se atribuyen el mérito de sus triunfos. No es de
extrañar que se valoren poco y que se sientan in capaces de cambiar su
vida.
El
problema de ser tímido y temer el fracaso en una situación social
determinada, se ve agravado por la negativa a poner a prueba cualquier
aspecto de la propia personalidad social. La tendencia a evitar relaciones
sociales y reuniones impide a la persona tímida realizar en la práctica el tipo de experiencias que podrían cambiar en su mente las ideas
que originan su pobre autoestimación. Al no querer arriesgarse, no hace más
que perpetuar su triste situación.
Hemos
descrito hasta aquí los procesos mentales de las personas extremadamente tímidas,
pero no olviden que las personas menos tímidas sufren de los mismos temores
y mala predisposición, sólo que en un grado diferente. Hasta las personas
no tímidas sienten un cierto temor o inquietud cuando hablan con alguien
por primera vez. Hasta la persona con la más justificada seguridad en sí
misma se preocupa en alguna medida por la posibilidad de que sus iniciativas
en sociedad choquen con un rechazo, o, peor aún, con la indiferencia. Pero
la persona no tímida no se deja desanimar por esto, y no interrumpe en
absoluto su actividad social. Aunque a nadie le agrada ser rechazado,
ignorado o chasqueado, el dejarse arrastrar por ello a una ansiedad general,
al aislamiento y a la depresión es una actitud no realista. La persona no tímida
no pretende ser perfecta en todas las situaciones sociales; por el
contrario, sabe reconocer que tiene defectos y que come te errores, pero se
da cuenta de que eso le ocurre a cualquier ser humano.
Analicemos
ahora un ejemplo concreto de timidez: un individuo que se encuentra en una
ciudad desconocida y que ha de preguntar para orientarse. Supongamos que es
un turista que quiere visitar un determinado lugar. Sabe que la manera más
lógica de averiguar cómo se va al Muelle de los Pescadores, por ejemplo,
es preguntárselo a alguien. Pero no se atreve a abordar a un desconocido.
¿Por qué?
En
primer lugar, tendría que elegir a la persona a la que va a dirigirse.
Tendría que pensar exactamente lo que va a preguntarle y la manera más
adecuada de preguntárselo. Tendría que confesar su ignorancia y pedir
ayuda. Y tendría que confiar en el desconocido y aceptar su ayuda, en caso
de que accediese a prestársela. Esto es lo que debería hacer. ¿Qué es lo
que le impide hacer todas y cada una de estas cosas?
Lo
más probable es que tema ser mal entendido, o formular la pregunta de
manera incorrecta, o mostrar se demasiado humilde, o llamar la atención.
Quizá teme Provocar la hilaridad de alguien, en el caso de que el lugar por
el que pregunta se encuentre «a la vuelta de la esquina». También es
posible que tema «recibir un chasco», que el desconocido le diga que se
las arregle solo y lo deje plantado. Y seguramente, en el fondo, lo que
provoca estos temores es el simple hecho de necesitar ayuda, porque ello
pone de manifiesto su dependencia de los demás.
¿Cuál
es el origen de estos temores? El temor a ser rechazado o ridiculizado
procede de la creencia irracional de que uno debe ser perfecto en
todo momento, y de que los demás le exigen también que lo sea. No sólo es
irracional creer que uno debe ser perfecto en todas sus actividades
sociales, sino que además es una idea muy poco realista. La consecuencia última
de esta idea es, inevitablemente, el fracaso, pues cualquier actividad en
que el sujeto muestra ser imperfecto se con vierte en una derrota, en un «no
estar a la altura» de la propia exigencia. Y el resultado de una
determinada acción social en la que el sujeto no cumple una aspiración
personal equivale a un descenso en su autoestimación.
Muchísimas
personas albergan creencias irracionales, y estas creencias son la causa
principal de muchos trastornos emocionales. No son las circunstancias ni las
demás personas las que provocan trastornos emocionales a estos individuos;
la causa de dichos trastornos son las ideas irracionales que albergan ellos
mismos acerca de los demás y acerca de las circunstancias. Si aprendiésemos
a valorar correctamente las experiencias negativas y a adoptar ante ellas
una actitud más sana, nos ahorraríamos una buena parte del disgusto que
nos ocasionan. Los tímidos albergan una serie de ideas irracionales y
negativas que no sólo perpetúan su angustia y su inhibición sino que
constituyen los mayores obstáculos para un posible cambio, para la adopción
de una conducta nueva, más adaptada. Pasemos a examinar algunas de las
ideas negativas que con mayor frecuencia impiden la adaptación social de
muchas personas tímidas.
IDEAS
IRRACIONALES Y NEGATIVAS
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