CÓMO
OPERA EL POLÍGRAFO
El
Webster Dictionary define el término “polígrafo” (polygraph)
como “un instrumento para registrar las marcas que producen varias
pulsaciones diferentes que actúan en forma simultánea; en términos
generales, DETECTOR DE MENTIRAS”. Las pulsaciones se registran mediante
los movimientos de unas agujas que marcan sobre una tira móvil de papel
graduado. Habitualmente se designa con este término al aparato destinado
a medir cambios en la actividad del sistema nervioso autónomo (SNA),
aunque las agujas del polígrafo pueden medir en rigor cualquier tipo de
actividad.
Expliqué
que la actividad del SNA (alteraciones en el ritmo cardíaco, la presión
arterial, la conductividad y temperatura de la piel, etc.) son signos de
activación emocional. Mencioné que algunas de estas alteraciones, como
el aumento del ritmo respiratorio, el sudor, el rubor y el enrojecimiento
facial, pueden observarse sin el polígrafo. El polígrafo registra estos
cambios con más exactitud, detecta algunos que son tan mínimos que no
pueden verse, y ciertas actividades del SNA (por ejemplo, el ritmo cardíaco)
que directamente no son visibles, Lo hace amplificando señales
procedentes de unos sensores que se adhieren a distintas partes del
cuerpo. En la forma típica de usarlo, se le aplican al sujeto cuatro
sensores: en torno del pecho y el vientre se le colocan fajas o tubos neumáticos
capaces de medir los cambios en el ritmo y profundidad de la respiración;
alrededor del bícep, un dispositivo para medir la presión arterial; el
cuarto sensor mide cambios minúsculos en la transpiración de la piel,
captados por electrodos de metal pegados a los dedos.
Si
bien el Webster’s Dictionary está en lo cierto al decir que a
veces al polígrafo se lo llama “detector de mentiras”, esta afirmación
es equívoca: el polígrafo no detecta las mentiras per se. Todo
sería mucho más simple si hubiera algún signo específico del mentir
que no pudiera corresponder a ninguna otra cosa; pero no lo hay. En lo
tocante al polígrafo se discute casi todo, pero hay algo en lo que
coinciden todos los que lo utilizan, y es que no mide directamente
las mentiras. Mide únicamente los signos de activación del SNA, o sea,
las alteraciones fisiológicas generadas principalmente por la activación
emocional del individuo. Y lo mismo hacen los
indicios conductuales del engaño. Recuérdese que antes expliqué que
ninguna expresión facial, gesto o cambio en la voz es un signo de mentira
per se. Sólo marcan la presencia de una emoción o de una
dificultad para pensar. A partir de esto puede inferirse que el sujeto ha
mentido si la emoción no se ajusta, a su estrategia o si parece estar
componiendo una estrategia. El polígrafo brinda una información menos
precisa que los indicios conductuales respecto de la emoción específica
suscitada. Una microexpresión facial puede revelar que alguien está
enojado, temeroso, que se siente culpable, etc.; el polígrafo sólo nos
dirá que siente alguna emoción, sin precisarnos cuál.
Para
detectar las mentiras, el examinador compara la actividad que registra el
diagrama del polígrafo cuando se le formula al sujeto la pregunta
decisiva (“¿Robó usted los 750 dólares?”); con la respuesta del
sospechoso a otra pregunta que no se vincula con la cuestión (“¿Hoy es
martes?”, “¿En algún momento de su vida robó algo?”). Se
identifica a un individuo como culpable si el polígrafo le detecta una
mayor actividad ante la pregunta relevante que ante las otras.
El
examen del polígrafo, al igual que los indicios conductuales del engaño,
es vulnerable a lo que he llamado el error de Otelo. Recordemos que Otelo
pasó por alto que la reacción de Desdémona podía obedecer al lógico
temor de una esposa cuyo marido no cree en sus palabras, y no a la
angustia de una adúltera al verse atrapada. No sólo los mentirosos
pueden emocionarse, también los inocentes cuando saben que la sospecha
recae sobre ellos. Una persona puede tener alguna reacción emocional si
se ve sometida a investigación porque se ha cometido un delito, o si es
interrogada sobre una actividad suya que podría poner en peligro la
acreditación que necesita para mantener su empleo, o si se sospecha que
le ha revelado a la prensa la información contenida en un documento
confidencial. El solo hecho de someter a alguien a la prueba del polígrafo
puede bastar para provocarle temor, y éste será particularmente intenso
si el sujeto tiene motivos para pensar que el examinador, y la policía en
general, tienen algún prejuicio contra él. Por lo demás, el temor no es
la única emoción que puede entrar en juego, como he señalado antes,
tanto para el inocente como para el culpable.
REFLEXIONES
DE EKMAN