En
todos los pueblos existe la tradición de una época remota, allá por
los comienzos del mundo, en la que los hombres eran felices.
Son
como reminiscencias del Paraíso bíblico.
Y
el Paraíso futuro se concibe como un lugar lleno de blancura, tibio,
donde la gente se encuentra en una posición estática, como envuelta en
una nube.
Así
está un niño antes de nacer.
En
el fondo, se piensa en el Paraíso como en el regreso al seno materno.
Allí todos los problemas estaban resueltos.
Por
esta razón en algunos países, hablando de los que han muerto, se dice
y se cree un solemne disparate: "Que descanse en paz".
Y
eso es justamente lo que pensamos, equivocadamente, que hace un niño
durante los nueve meses del embarazo: descansaren paz.
En
el Paraíso se tiene que estar en permanente y constante actividad,
porque él no puede ser otra cosa que compartirla vida de Dios.
Y
Dios no descansa en paz.
Pobres
de nosotros si descansara, aunque fuera en paz, por un segundo.
Vemos,
pues, que, por razones del inconsciente colectivo, el hombre mira con
justificada nostalgia hacia el pasado, hasta el punto de atribuirle méritos
que nunca tuvo.
En
todos los órdenes- también en los de la creación- y sin razones
valederas, la "edad de oro" se sitúa con demasiada frecuencia
en el pasado, cuando la verdad es la de que, en todos los órdenes- y
también en los de la creación- la "edad de oro" siempre está
hacia el futuro.
El creador
ha de tener sumo cuidado porque puede dejar de serlo por limitar su acción
a desarrollar las consecuencias de sus propios hallazgos o a divulgarlos
o defenderlos.
Si
el propósito del que va delante en el camino es el de que los demás
aceleren el paso hasta alcanzarlo, cuando esto suceda, por obra de su
propia acción, no puede pretender seguir adelante sin renovados y más
grandes esfuerzos.
Y
si ese no es el propósito, a poco de andar puede que se sienta feliz
cuando se dé cuenta de que tiene el camino para él solo.
El mundo
le abre el paso a todo aquel que venga caminando con algo nuevo que dar,
pero hay que darse cuenta- y esto es muy difícil- que, para que siga
abriendo el paso, hay que traer algo nuevo cada vez.
Con
frecuencia, después de un período de auténtica actividad creadora, se
llega a encarnar una real innovación, que logra imponerse, transcurrido
un tiempo más o menos largo; posteriormente, por razones todas ellas
relacionadas con la voluntad, que pierde impulso, audacia y decisión,
se continúa mostrando algo que sigue siendo igualmente valioso, pero
que ya no constituye una innovación; y la influencia y la importancia
disminuyen, no porque se tenga algo menos, sino porque no se procura
tener más.
Así
va avanzando, con pasos que a veces duran siglos, la historia del arte y
de la ciencia.
Un
genio o un grupo de genios establecen una nueva relación y con ella
rompen los moldes vigentes hasta el momento; después viene un período
de consolidación, llevado a cabo por un conjunto de discípulos y
algunas veces por los mismos que tuvieron
la idea original, quienes se convierten entonces en seguidores de sus
propias huellas; y lo que fue acción fructificante al fin se
convierte en rutina que adormece , hasta que surge otro genio que
irrumpe en la escena trayendo en las manos una relación distinta, con
la que comienza un nuevo ciclo.
Un
gran hombre puede ser grande por siempre, por que grande es el hombre al
que no lo turban las cosas pequeñas, pero comienza a ser grande ante
sus contemporáneos cuando éstos se dan cuenta de que les está
ofreciendo algo importante de lo cual ellos carecen y deja de aparecer
como grande frente a ellos en el mismo momento en que deja de crecer.
En
verdad la llamada decadencia de un hombre o de un pueblo no es más que
una falta de renovación.
Los
cambios que se produce en nuestros días en todos los órdenes de la
vida son tan importantes que todo conocimiento adquirido hoy es muy
probable que ya no tenga vigencia mañana.
Todo
cambia.
El "golpe
del futuro" es tan violento, el cambio es tan violento, el cambio
es tan radical, que dentro de las cosas que cambian están los criterios
que se utilizan para considerar el mismo cambio.
Ante
esta situación no puede haber nada más importante que promover la
mayor mejora posible en la capacidad de pensar de aquellos que en la
vida social tienen por misión el estudio de los problemas o la toma de
las decisiones.
Para
lograra el progreso de un pueblo lo más importante es la actitud que
mantengan sus dirigentes ante el progreso mismo.
Este
siempre dependerá de la seguridad que ellos mantengan sobre lo que
pueden realizar y del grado que alcance su capacidad de pensar.
Los
problemas de los países en vías de desarrollo no se podrán resolver
como por arte de magia.
Todo
problema es una madeja de problemas.
Todo
problema existe por una multitud de factores interrelacionados.
No
existen problemas de una sola causa.
Y
disponiéndose de soluciones viables a la mano, su aplicación y
desarrollo por lo general toma más tiempo del originalmente previsto.
Los
frutos tardan en llegar, pero llegan.
Soy
latinoamericano.
Mi
patria es la de Bolívar: Latinoamérica.
Al
escribir este libro he pensado muy detenidamente en ella.
En
veinte Repúblicas con características muy particulares que las une
entre sí, sin necesidad de odios ni resentimientos contra nadie, y que
las distinguen de los demás países del mundo, sin ser peores o mejores
que ellos.
Y
en el pueblo latinoamericano, sin perder por ello el sentido universal
de todas las cosas.
Cuando
se pertenece de raíz a un lugar, se pertenece a todos los lugares.
Cuando
en verdad se es miembro de una cultura, se es igualmente miembro de
todas las culturas.
Y,
cuando se es auténticamente humano, se lleva en la carne toda la
humanidad. Se ha dicho que el
centro de la tierra se desplaza en la misma dirección que el sol. La civilización vino de Oriente.
Después
fue Europa el continente irradiante.
Más
tarde el poder pasó ala costa atlántica de los Estados Unidos.
Hoy,
cada vez es mayor la importancia que adquiere la parte occidental de ese
país. Mañana, volverá a dictarse en Oriente la suerte del mundo.
Y
el sol sigue su rumbo.
Los
latinoamericanos, desde ahora, debemos poner lo que esté en nuestras
manos para que, cuando el sol vuelva a pasar, se detenga sobre nuestro
cielo.
Pareciera
que en algunas épocas de la historia la capacidad de pensar se
remansara, pudiera el ímpetu que traía, para continuar después con más
fuerza.
El momento
actual puede ser justamente uno de esos.
En
muchos aspectos de la vida ordinaria, los problemas son muchos y las
soluciones pocas.
Esto
plantea la urgencia de encontrar una fórmula que permita estimular la
capacidad de pensar del conjunto de la población.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 23