Pienso
a veces que la vida es un juego de golf.
En
él se proyecta una pelota lo más lejos posible y, cuando se ha hecho
esto, se camina tras ella, para repetirla misma operación hasta
recorrer todo el campo. Si convertimos la vida en sueño y lo lanzamos
con fuerza hacia delante, más que gozosos correremos a alcanzarla.
Solamente
la fantasía podrá alumbrar el camino de la humanidad futura.
El
Universo
tiende la diversidad unitiva y unificante.
Sólo
en ella se podrá encontrar la Unidad, que buscamos por todos los
caminos del arte y de la ciencia.
La
Historia nos muestra que las ciencias que se han separado, en algún
momento se han vuelto a reunir, aunque sea veinticinco siglos después.
Cuando
las ciencias eran pocas, se dividieron y ahora, que son unas 1200, se
encuentran de nuevo en la físico-química, la físico-matemática, la
bioingeniería, la bioquímica. y en las llamadas disciplinas de
encrucijada, como la cibernética, que estudia seres vivos en su
semejanza con sistemas mecánicos y la Biónica (contracción de biología
electrónica), que complementariamente, se ocupa de sistemas mecánicos
de funcionamiento semejante al de seres vivos.
Por
distantes que hayan sido los puntos de partida, todas las especialidades
convergen hacia un lugar.
Más
tarde o más temprano los especialistas se dan cuenta de que todos
estudian lo mismo.
Cuanto
más se ahonda en una especialidad más se aproxima el estudio a los
componentes últimos de la materia.
Todas
las ciencias se encuentran, en el camino de la verdad, con átomos, moléculas
y células; y no quiero decir con uno o con otro; quiero decir con los
tres. Los especialistas, cualquiera que fuere su campo de acción, que
lleven el estudio de su respectiva especialidad al máximo extremo
posible se encontrarán con que automáticamente han dejado de ser
especialistas para convertirse, todos ellos por igual, en investigadores
de lo más general que existe: las partículas elementales, componentes
de todas las cosas.
Todos
los caminos de la ciencia conducen a las partículas elementales.
Por
cualquier lugar del globo donde se comience a perforar, siempre se
llegará al centro de la tierra.
La
especialización, si no está integrada en un conjunto, ya no es fructífera;
ni siquiera útil.
El
especialista
presta un servicio de incalculable valor en el progreso de la ciencia,
siempre y cuando tenga: él mismo, una visión de conjunto; a su lado, a
otros especialistas en diversas ramas; y por encima, a quien no tenga
ninguna especialidad.
El
que
dirige tiene que poseer la perspectiva general necesaria para poder
ocuparse de los asuntos de todos.
La
especialización puede aumentar los conocimientos, pero es la
generalización la que valoriza.
La
ciencia, a medida que avanza, se va a encontrara con una creciente
urgencia de generalizadores, hasta el punto de que es posible que en los
próximos decenios la más importante "especialidad" llegue a
ser la del "generalista".
Allí
donde la ciencia y la técnica han avanzado más, cada vez se utilizan
con mayor frecuencia las sesiones de "grupos polivalentes", en
los que participan personas de muy diversas orientaciones intelectuales,
con el fin de resolver problemas de la competencia directa de una sola
de aquéllas; así como, por ejemplo, para encontrar soluciones para una
cuestión relacionada estrictamente con el diseño de naves
interplanetarias se reúnen un ingeniero aeronáutico, un matemático,
un médico y un escritor se considera que con un enfoque del asunto
desde puntos de vista tan diversos y con muy diferentes grados de
conocimientos sobre el mismo, puede encontrarse el camino acertado con
mucha facilidad; y es posible que se llegue a él por las sugerencias de
quien se encuentra más alejado del tema en consideración.
Mucho
se ha adelantado en la aplicación de técnicas dirigidas a lograr que
las reuniones de estos grupos logren el mayor rendimiento posible.
Ante
estos hechos, cabe preguntarse si en un próximo futuro los "grupos
polivalentes" no nos harán ver la utilidad de los "individuos
polivalentes" para el progreso de la ciencia y de la técnica.
Hace
ya un tiempo, Alexis
Carrel pensó
en que, para lograrla renovación del hombre moderno, era necesario
encontrar un grupo de personas dispuestas a los sacrificios
imprescindibles para adquirir, cada uno de ellos, conocimientos
profundos sobre Anatomía, Fisiología, Química biológica, Psicología,
Metafísica, Patología, Medicina, Genética, Nutrición, Desarrollo,
Pedagogía, Estética, Moral, Religión, Sociología y Economía.
Esta
superciencia, a la que hoy habría que agregarle nuevas materias, podría
adquirirse, según Carrel,
en
unos veinticinco años de estudios ininterrumpidos. Antes de establecer
una relación es imprescindible poseer los elementos que se van a
relacionar.
Y
es obvio que, cuanto mayor sea el número de ellos, mayor será el número
de relaciones posibles.
Ningún
conocimiento es inútil, aunque alguna vez recordemos que Sherlock
Holmes,
cuando se enteró de que la tierra era redonda, prometió desembarazarse
cuanto antes del nuevo dato adquirido por su mente, porque, según él,
no lo necesitaba para poder llegar a aquellas conclusiones que tanto
impresionaban al doctor Watson.
Pero
Holmes no sabía que si Conan
Doyle,
su creador, no hubiera sido médico, él no hubiera sido detective.
Ni
tampoco sabía que un cocinero que sepa latín será mejor cocinero
justamente por eso.
Hay
que pensar en una sola cosa a la vez, pero hay que pensar en muchas
cosas. Saber bastante sobre una materia alrededor de la cual se intenta
encontrar ideas nuevas, en sí mismo representa una gran ventaja, pero
puede convertirse- y de hecho en muchos de los casos se convierte- en un
gravísimo inconveniente. Cuando se conoce perfectamente un camino es
muy difícil hallar uno nuevo para ir al mismo sitio.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 17