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TRES
CASOS NOTABLES DE FE
EN SÍ MISMO
En
sus años de juventud, Conrad
Hilton tenía más confianza que dinero. Prácticamente todo lo que tenía era la reputación
de cumplir su palabra, y la habilidad de inspirarles a otros la misma confianza en sus planes que él sentía. Sin
importar los obstáculos o las probabilidades en su contra, Hilton siempre actuaba como si fracasar fuera
imposible, y su actitud,
como por arte de magia, inspiró a otros a creer
que él no podía fracasar. El primer hotel de Hilton que realmente era de primera clase comenzó con menos de U$S 50.000 de su propio dinero. Cuando su madre lo encontró
diseñando planos y le preguntó qué estaba haciendo, él le
contestó que estaba diseñando un hotel verdaderamente grande. '¿De
dónde saldrá el dinero?', preguntó ella.
'De
aquí dentro',
dijo Hilton, tocándose
la cabeza. Agotando toda fuerte posible, logró reunir un capital
de cerca de U$S 500.000. Pero cuando los arquitectos le
presentaron un presupuesto del hotel que él quería, le dijeron
que costaría por lo menos U$S 1.000.000. Sin vacilar, les dijo: 'Preparen
los planos'.
Hilton empezó efectivamente a construir el hotel, sin
tener la más mínima idea acerca de dónde provendría el
dinero para terminarlo. Pero a causa de que él no sólo hablaba
de un hotel de U$S 1.000.000 sino que en realidad actuaba
como si estuviera dispuesto a hacerlo, otras personas llegaron
a convencerse de que 'Connie
puede hacerlo', e invirtieron su dinero.
Henry
Ford financió su compañía, en sus comienzos, más que todo con la actitud
de confianza que desplegaba. Mantenía disponible cuanto
dinero en efectivo podía. Cuando los inversionistas y acreedores
iban a hacerle una visita, les hacía saber de un modo u otro la
cantidad de efectivo que tenía. No se molestaba en contarles que
prácticamente todos sus activos estaban representados en efectivo.
Estuvo en apuros más de una vez, pero al actuar
como si no pudiera fracasar -y como
si estuviera dispuesto a tener éxito- inspiró a otros con su enorme confianza.
John
D. Rockefeller aplicaba la misma técnica. Cuando un acreedor llegaba a visitarlo
y sutilmente le pedía que le pagara su cuenta, Rockefeller solía sacar su chequera con un gesto de grandeza. '¿Qué
prefiere', solía preguntar,
'efectivo o acciones de Standard Oil?' Parecía tan calmado y confiado, que casi
todo el mundo terminaba aceptando las acciones de su compañía, y nadie llegó a lamentarlo.
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Director del Portal:
Abel Cortese |
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