LA FUERZA
DE LOS PREJUICIOS
En mi
primer día de trabajo en el Hospital Leonard Morse de Natick,
Massachussets, tuve una reunión de orientación con el personal. Di
un pequeño discurso, en el que me presenté y describí con qué
enfoque solía trabajar; después de una conversación con ellos
hicimos un alto para ir a comer. Una mujer vino a hablar conmigo
durante ese tiempo presentándose como trabajadora social.
-¿Sabe? No
puedo creer que usted sea el doctor Ciaramicoli -me dijo.
-¿Por qué?
-le pregunté.
-Bueno, a
decir verdad, esperaba a alguien completamente diferente -dijo-.
Siempre pensé que los italianos usaban camisetas blancas con la
caja de cigarrillos en el doblez de la manga enrollada. ¡Nunca había
visto un italiano usar un traje con chaleco!
El
comentario me sorprendió y por un breve instante me ofendió, pero
había algo en su cálida sonrisa que no tenía nada que ver con la
intención de herirme. Podía darme cuenta de que ella no había
querido insultarme, de modo que me tocaba ampliar su idea de los
italianos.
-Soy
italiano -le dije- pero no fumo, uso camiseta que a veces no es
blanca sólo cuando hago ejercicio físico y siempre, sin excepción,
en mi primer día de trabajo me pongo un traje con chaleco.
Nos reímos;
ese momento empático marcó el comienzo de una amistad fuerte y
duradera. Yo aprendí a valorar su tendencia a decir exactamente lo
que pensaba, y pronto me di cuenta de que al poner sus prejuicios en
la línea del frente, ella estaba tratando d e situarse más allá
de ellos. Lo que ese día ella estaba diciendo realmente era: 'Hey;
esto es lo que he oído sobre los italianos pero ahora no estoy tan
segura: ¿acaso es verdad?'
Los
prejuicios abiertos no sólo son un obstáculo para escuchar con
empatía. Todos hemos desarrollado maneras de organizar nuestro
mundo colocando a las personas en categorías y poniendo etiquetas a
ciertos comportamientos. Vivimos nuestra vida, en verdad, siguiendo
ciertas teorías sobre el comportamiento humano basadas en
generalizaciones y abstracciones. Por ejemplo, un prominente
estereotipo cultural sostiene que las mujeres son más perspicaces e
intuitivas que los hombres. La verdad, de acuerdo con los
investigadores psicológicos, es mucho más completa:
mientras que la mujer generalmente es más exacta a la hora de
interpretar las emociones a partir de la expresión facial, por
lo menos diez estudios han demostrado que los hombres son igualmente
hábiles en leer los pensamientos y las emociones de los demás.
La
habilidad empática innata es virtualmente la misma en hombres y
mujeres: parece que la diferencia está en la motivación. Como lo
señalan los psicólogos Tiffany Graham y William Ickes:
'Cuando
aprenden a 'rechazar' o a ignorar los sentimientos y necesidades
de otras personas, los hombres pueden suprimir o enmascarar
completamente la sensibilidad social la que, si es expresada, puede
hacerlos aparecer como débiles y poco masculinos. Así, como lo han
notado Hancock e Ickes: 'Si a veces los hombres parecen socialmente insensibles, puede
tener más que ver con la imagen que desean dar que con la habilidad
que poseen'.
Arthur
Ciaramicoli, 'EL PODER DE LA EMPATÍA'
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