EL PODER DE LA DETERMINACIÓN
Guglielmo
Marconi decidió a los doce
años que sería inventor de la telegrafía sin
hilos. Fijó su meta a
pesar del hecho de que afamados científicos de su época habían
sido incapaces de
lograrlo.
Jonas
Salk se fijó la meta de erradicar
la poliemielitis. Henry
Ford encaminó sus esfuerzos hacia la
creación de un coche que no fuera tirado por caballos. Los hermanos
Wright se fijaron la meta de volar.
Las
metas, tanto si se logran como si no, transforman al individuo.
Las metas canalizan los recursos mentales hacia un objetivo específico.
Annette
Kellerman era coja y enfermiza.
¿Quería compasión? No, quería
un cuerpo perfecto. Con determinación,
ejercicio y tratamiento profesional, desarrolló un cuerpo perfecto. Se la juzgó como una de las mujeres más
perfectamente desarrolladas del mundo. También llegó a ser Campeona
Mundial de Zambullida.
Unos
años después, un niñito cojo
y débil, llamado George
Jowett, decidió que la determinación era más constructiva que la compasión. Estaba en lo cierto. En
vez de compungirse por sí y querer que los demás se sintieran
compungidos por su cojera y debilidad, cargó y recargó su mente y su cuerpo con determinación. ¿Qué
ocurrió?
Ningún milagro. Tan sólo la Ley natural de Causa y
Efecto. Siempre funciona. En
diez años, George Jowett llegó a ser el hombre más fuerte del
mundo.
Luego
hubo una Helen Keller,
pobre, ciega y sorda. ¿Quería compasión? No. Estaba decidida a
superar su disminución física y a consagrar su vida a ayudar a los demás (¡que estaban casi tan disminuidos !). Llegó a
ser una de las mujeres más
inspiradoras de todos los tiempos. Aprendió a leer y a
escribir, y llegó a ser una autora brillante. En
1904 se graduó CUM
LAUDE. Viajó dictando
conferencias. Y es importante notar que Helen
Keller no eliminó sus disminuciones físicas: eso era
imposible. ¡Lo que Helen Keller hizo fue usar la determinación para SUPERAR sus disminuciones y lograr la grandeza MIENTRAS
estaba impedida!
Alexander
Pope era tan lisiado que apenas
se podía mover, pero llegó a ser uno de los gigantes
de la literatura inglesa.
En
la celda de una prisión, John Bunyan escribió EL PROGRESO DEL PEREGRINO,
un libro que es una epopeya de la literatura inglesa.
Robert
Louis Stevenson jamás estuvo libre,
ni siquiera durante una hora, de dolores en todo el cuerpo y de
una tos seca. Sufría fiebre y tuberculosis. Empero, escribió LA ISLA DEL TESORO y muchos relatos excitantes y humorísticos.
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