LOS
ESTADOS DE ÁNIMO POSITIVOS FA
CILITAN LA CONDUCTA PROSOCIAL
Bajo
la influencia del afecto positivo, las personas tienen
significativamente más probabilidades de ser prosociales (es decir, más sociables, cooperativas, y ayudar más a los demás
(Isen, 1987).
A
modo de ejemplo se podría citar uno de los más intrigantes
estudios de psicología en el que los experimentadores hicieron
que un grupo de usuarios de una cabina telefónica encontrara un
peso, mientras que un segundo grupo no lo encontraba. En
cuanto el usuario de la cabina salía de la misma, un
experimentador confabulado hacía ver que era un viandante al
que se le caía toda una carpeta llena de papeles justo a los
pies del sujeto. Los investigadores querían saber si el efecto
que tendría el afecto positivo - o estado de ánimo
positivo- inducido (del haber encontrado dinero por
sorpresa) en cuanto a la tendencia ayudar del desconocido.
Los resultados fueron sorprendentes. La gran mayoría de
personas que encontraron la moneda ayudaron al viandante (14 de
16), mientras que una gran minoría de personas que no
encontraron la moneda ayudaron al viandante (1 de 25).
La
influencia del afecto positivo sobre la conducta de ayuda va
mucho más allá del efecto que tiene el recibir monedas a la
hora de ayudar a un peatón. Por ejemplo, la música
agradable, pensar en cosas positivas, tener éxito en una tarea,
leer tiras de humor divertidas y recibir un regalo son otros
acontecimientos vitales que aumentan el afecto positivo.
Cuando están influenciadas de esta manera, las personas tienden
a hacer más donaciones de dinero a caridad (Isen,
1970), muestran mayor deseo de iniciar conversaciones con los
demás (Bastón, et al., 1979), expresan mayor agrado
ante los demás (Veitch y Griffith, 1976) y son más
benevolentes consigo mismas (Mischel, Coates y Raskoff, 1968).
Resumiendo,
el concepto teórico de afecto positivo nos permite organizar
gran cantidad de literatura que muestra que la emoción
positiva aumenta nuestras tendencias prosociales.
Una
de las preguntas que se podrían plantear es por qué los
estados de ánimo positivos aumentan la conducta prosocial. Este
efecto no es tan sencillo como
parece debido a que el afecto positivo incide en varios
procesos cognitivos -memoria, juicio, pensamiento y
resolución de problemas- que a su vez inciden en la conducta
prosocial (Isen, 1984, 1987).
De
acuerdo con Isen, la cognición es un proceso activo y
constructivo (al contrario de pasivo y automático) y los
sentimientos y motivos del individuo desempeñan un papel
importante en el procesamiento y recuperación de la información.
Por esta razón el afecto positivo le 'presta color' o
'sesga' lo que la persona piensa y la manera en que esa
información se organiza en la memoria. Para comprender los
efectos que tiene el afecto positivo en la conducta prosocial se
podría retomar el ejemplo de los usuarios del teléfono. Para
los usuarios que no encontraron una moneda, cuyo estado
emocional se podría calificar de neutral, la norma es el
contenido y la organización de sus pensamientos. Cuando se
encuentran ocupadas en el habitual procesamiento de la información, las personas no suelen ayudar a los demás. Las personas
que encontraron la moneda y que sintieron alegría por
ello presentan un sesgo en su actividad cognitiva debido a
los pensamientos alegres. Cuando las personas se sienten
bien tienen mayor acceso al material positivo, suelen
estar más optimistas, juzgar los acontecimientos como
ligeramente más positivos de lo habitual y actuar de acuerdo
con ello, manifestándose como más amistosos, cooperativos,
sociables y ayudando más.
Si
el afecto positivo facilita la conducta prosocial entonces el
afecto negativo debería empeorarla. Mientras que esto es
cierto en algunos casos (por ejemplo, la depresión) hay dos
razones muy poderosas por las que hay que tener cuidado antes
de afirmar que el afecto negativo impide la conducta prosocial.
Primero,
el afecto positivo y el afecto negativo son mucho más
independientes el uno del otro que opuestos (Diener y Emmons, 1984). A menudo las personas se sienten positivas
y negativas al mismo tiempo (por ejemplo, en una primera
cita, una entrevista de trabajo o una competición atlética se
puede sentir tanto anticipación positiva como ansiedad o
miedo). Segundo, el afecto negativo es mucho más complejo
que el afecto positivo. El afecto negativo incluye emociones
que van desde la rabia, el miedo y la angustia a la ansiedad y
la depresión. Esta distinción es importante porque la
persona que siente rabia piensa y se comporta de una manera muy
distinta a una persona deprimida y tanto la persona que siente
rabia como la que está deprimida piensa y se comporta de forma
distinta a la persona angustiada, ansiosa o con miedo. |