EL
PRINCIPIO DE LA NEUROASOCIACIÓN
'Los
hombres viven por intervalos de razón, bajo
la soberanía el humor y la pasión'.
Sir
Thomas Brown.
Una
de las decisiones que han representado una diferencia
tremenda en la calidad de mi vida es que, a una edad muy
temprana, empecé a vincular un placer increíble con el
hecho de aprender. Me di cuenta de que descubrir
ideas y estrategias que pudieran ayudarme a configurar el
comportamiento y la emoción humanos podía
proporcionarme virtualmente todo aquello que deseaba en mi
vida, y era capaz de sacarme del dolor y hacerme entrar en
el placer.
¿Cuáles
son algunas de las experiencias de sufrimiento y placer que
han configurado su vida? Si los ha vinculado a las drogas,
por ejemplo, no cabe la menor duda de que eso ha afectado a
su destino. Lo mismo sucede con las emociones que ha
aprendido a asociar con el tabaco o el alcohol, con las
relaciones e incluso con los conceptos de dar o de confiar.
Si
es usted médico, ¿no es cierto que la decisión de seguir
una carrera médica, tomada hace muchos años, se vio
motivada por su creencia de que convertirse en médico le
haría sentirse bien? Todos los médicos con los que he
hablado vinculan un gran placer con el hecho de ayudar a la
gente: a paliar el dolor, a curar la enfermedad y a salvar
vidas. A menudo, el orgullo de ser un miembro respetado de
la sociedad fue una motivación adicional. Los músicos se
han dedicado a su arte porque hay pocas cosas en la vida
capaces de proporcionarles ese mismo nivel de placer. Y
los presidentes de las grandes organizaciones han aprendido
a vincular el placer con la toma de decisiones poderosas,
que tienen un enorme potencial para construir algo único, y
para contribuir a las vidas de otras personas de una forma
duradera.
Si
vinculamos un fuerte dolor con cualquier comportamiento o
pauta emocional, evitaremos caer en ellos a cualquier precio. Podemos utilizar esta comprensión para aprovechar la fuerza
del dolor y del placer con objeto de cambiar virtualmente
cualquier cosa para mañana, hasta el uso de drogas.
Sólo
los seres humanos pueden cambiar, por ejemplo, sus
asociaciones, de tal modo que el dolor físico se transforme
en placer, y viceversa.
Pensemos,
por ejemplo, en una persona que sigue una huelga de hambre y
se halla encerrada en una cárcel. Alimentándose
exclusivamente de una causa, es capaz de sobrevivir treinta
días sin alimentos. El dolor físico que experimenta es
considerable, pero se ve superado por el placer y la
validez de estar atrayendo la atención del mundo hacia su
causa. A un nivel más personal y cotidiano, los
individuos que siguen unos regímenes físicos intensos para
esculpir sus cuerpos han aprendido a vincular unas
tremendas sensaciones de placer con el dolor del ejercicio físico
intenso. Han transformado la incomodidad de la disciplina en la satisfacción del crecimiento
personal,. Y esta es la razón por la que su comportamiento
es consistente ¡y también los son los resultados!
Aunque
nos gustaría negarlo, lo cierto es que nuestro
comportamiento se ve impulsado por reacciones instintivas al
dolor y al placer, y no por los cálculos del intelecto.
Desde una perspectiva intelectual, podemos estar convencidos
de que comer chocolate es malo para nosotros, a pesar de lo
cual seguimos comiéndolo. ¿Por qué? Porque no nos
sentimos impulsados tanto por aquello que sabemos
intelectualmente, sino más bien por aquello a lo que
hemos aprendido a vincular el placer y el dolor en nuestros
sistemas nerviosos. Son las neuroasociaciones (las asociaciones que hemos establecido en nuestros sistemas
nerviosos) las que determinan lo que haremos. Aunque nos
gustaría creer que es nuestro intelecto lo que nos impulsa
realmente, en la mayoría de los casos son nuestras
emociones ( las sensaciones que vinculamos a nuestros
pensamientos) las que nos impulsan.
(Anthony
Robbins, 'Controle su destino', Edit. Granica) |