EL
ARTE DE AFRONTAR
LOS CAMBIOS
Todo cambio es estresante por
definición. Aun cuando sea bien recibido, todo
cambio altera la estabilidad. Para afrontar cualquier cambio debemos entender y manejar el
estrés que inevitablemente se presenta en nuestra vida. Todos podemos regular el grado de estrés que experimentamos,
manejando la cantidad de cambio que estamos dispuestos a
tolerar.
Es
importante entender que cualquier cambio puede producir
consecuencias tanto deseables como indeseables. Trabajando
con personas que están viviendo circunstancias traumáticas,
como un incendio o un desastre natural, los profesionales han
aprendido que las crisis pueden tener consecuencias positivas o
negativas. Cuando atravesamos una crisis, la consecuencia
puede ser el deterioro en nuestra capacidad de funcionar
eficazmente. O, por el contrario, puede ser un mejor
funcionamiento y un mayor desarrollo de nuestras
potencialidades. Toda crisis implica desequilibrio y cambio.
Todo depende de la forma como la afrontemos y nos sobrepongamos
a ella.
Hay
incluso crisis que se pueden percibir como ataques a nuestra
misma esencia psicológica. Lo que en ese momento el destino
nos exige es una redefinición de nosotros mismos, un
redescubrimiento de significado, y una renovación de nuestro
compromiso con lo que hayamos elegido como lo más importante de
nuestra vida.
LAS
DIMENSIONES INTERNA Y EXTERNA DEL AFRONTAMIENTO
Las
fuentes INTERNAS de estrés se originan en los esfuerzos
psicológicos tendientes a manejar las dificultades. Los
estilos conflictivos de pensamiento pueden ser causa de enorme
agitación interna.
Consideremos,
por ejemplo, el conflicto de Hamlet: '¿Ser o no
ser?'. Este interrogante constituyó una profunda
fuente de angustia, narrada de manera tan elocuente por Shakespeare.
Diariamente todos experimentamos conflictos menores que consumen
buena parte de nuestra energía y nuestra fortaleza psíquica.
Conflictos sencillos relacionados con nuestras metas, como
decidir entre ir al mercado o quedarnos en casa lavando la ropa,
se cuentan entre los estresores de menor intensidad que, no
obstante, tienen la capacidad de perturbarnos.
Todas
las decisiones importantes crean conflictos internos hasta que
se resuelven. Pero todos también experimentamos
constantemente conflictos como, por ejemplo, los relativos a la
crianza de los hijos. ¿Cuán estrictos o permisivos debemos
ser? ¿Cómo expresarles afecto a nuestros hijos? ¿Cómo
reaccionar cuando otra persona está en desacuerdo o tiene
necesidades distintas de las nuestras? Muchos de estos
conflictos surgen de la lucha entre aquella parte de nosotros
mismos que quiere ser recta, honesta, respetada y diligente
(aspectos que Freud llamó 'superego') y la que desea
divertirse, descansar, estar cómoda y lograr sin demora lo que
desea (el llamado 'id' por Freud).
Además
de los conflictos internos, las
emociones indeseadas constituyen otra fuente interna de estrés. A veces sentimos ansiedad o ira por algún acontecimiento
del medio externo, pero a veces no les permitimos a esas
emociones expresarse, y siguen mortificándonos, convirtiéndose
en fuente interna de estrés. Cuando no podemos serena nuestra
mente o liberarnos de ciertas emociones, quedamos atrapados en
un patrón de estrés interno.
Hemos
visto que el estrés se puede originar en el medio externo, y
que los conflictos o emociones de nuestra psique pueden
perpetuarlo. La fuente del estrés guía, en parte, la elección
del estilo de afrontamiento. Cuando
identificamos claramente la fuente del estrés que sentimos,
quedamos mucho más libres para elegir la manera de combatirlo. Conocernos a nosotros mismos nos ayuda a elegir. Podemos dirigir
nuestros esfuerzos primordialmente hacia el mundo externo, o
podemos trabajar en el mundo interno de nuestra psique. Los dos
aspectos del afrontamiento, el interno y el externo, son
igualmente importantes. Cuando reconocemos nuestro estrés y
sus fuentes, aumenta nuestra capacidad de elegir la forma de
sobreponernos.
Las
personas extrovertidas o que tienen personalidad
directiva se inclinan primero hacia la solución de los
problemas externos. Las personas introvertidas o de
naturaleza contemplativa tienden a observar primero en su
interior y tratar de solucionar los problemas del mundo intrapsíquico
del pensamiento, la imaginación y el espíritu, antes de
intentar siquiera actuar sobre el entorno. Sin embargo, es
importante anotar que todos tenemos la capacidad de utilizar
mecanismos de afrontamiento internos y externos. En
realidad, ambos son necesarios.
Fredrica R. Halligan |